17 de mayo de 2012

No me quiero imaginar


Cada vez que alguien decide dar un voto al PRI está dando un vuelco a la historia de nuestro país, atentando contra la sensatez y la memoria de aquellos que hoy hicieron posible que el viejo régimen no esté de lleno en el control del mismo; cada vez que alguien ofrece su sufragio al PRI está entregando la nación a un grupo de perversos que no se detendrán ni escatimaran esfuerzos hasta que el control de los ciudadanos sea completo, por fuerza militar o por desapariciones; cada vez que alguien decide dar un voto al PRI está cometiendo un suicidio a su libertad (si alguna vez tuvimos una); cada vez que alguien vota por un candidato priista ofrece su dignidad a cambio de nada…

“No quiero ni pensar que Peña Nieto sea presidente” dijo una vez el ilustre Carlos Fuentes, que hoy se encuentra en un lugar mejor, allá en la región más transparente del aire; y esa frase, al igual que su vasta obra, quedará marcada por siempre dentro de los lares de mi memoria.

La frase hace eco en mi mente por el contenido que entre líneas se oculta, taciturnamente entre cada letra pronunciada, porque esas palabras juntas, tan limpias, lo único que hacen es advertirnos del peor de los males, de la cosa más horrible que podría pasarle a este país, de la penitencia más grande impuesta a un pueblo, del peor castigo que un dios vengativo podría realizar a sus subordinados, se trata de un vuelco al autoritarismo.

A lo largo de la historia el PRI sólo ha demostrado que cuando algo sale de control, cuando los jóvenes se rebelan contra el sistema, cuando los campesinos exigen sus derechos, por poner dos ejemplos, la mejor arma es la que se oculta en los cuarteles militares y la que hay detrás de los medios de comunicación.

En el 68, Jacobo Zabludovsky, informaba a la nación mexicana que los estudiantes habían asesinado brutalmente a los soldados, que el ejército había hecho acto de presencia pacífica y que los intolerantes, como en nuestros tiempos, éramos los académicos. Llenando brutalmente a aquellos que combatían del “lado del bien” (aquellos por cada rebelde muerto) con heroísmo y de alabanzas patrióticas.

Pero todo régimen caduca, se vuelve obsoleto y debe morir. En el año 2000, el de los grandes cambios, el partido del Estado vio sucumbir lo que años de luchas, de muertes, de desapariciones, de presos, les había costado, el poder absoluto, en nombre y forma, de México. El partido de oposición por excelencia ocupaba ahora el lugar en la silla presidencial. Sin embargo, el poder corrompió las conciencias de los que ahora ejercen el poder y le dieron vida a un partido cuya vida se veía agotada, cuya extinción era inevitable, le dieron la fortaleza para que con viejas usanzas se levantará como el Goliat que otrora fue.

Mas podría írsenos la vida en hablar de las desventuras y desgracias que hiciera el Partido de la Revolución Institucional al país, no obstante, era necesario hacer este escueto y pequeño resumen para hablar de lo que viene, de lo que podría ocurrir, y que, como acertadamente Carlos Fuentes mencionaba, no quiero ni imaginar.

Es sabido, al menos para una minoría informada, que la estrategia priista es una réplica de la que Díaz Ordaz aplicará para llegar al poder, la ideología compartida de un ejecutivo autoritario, fascista e imponente, cuya voluntad no debe ser rebasada por las manifestaciones y opiniones de algunos cuantos, cuya palabra vale más que el oro mismo.

Pero además hay otras cosas perversas y que no quiero ni pensar qué puede ocurrir si el PRI, no Peña Nieto, llega al poder. ¿Se imagina usted las acciones que se llevarán a cabo contra todos aquellos que estamos o nos hemos manifestado en su contra, tomando por ejemplo los universitarios? ¿Ha considerado el peligro que correría al expresar una opinión diferente a la que los medios “oficiales” ofrezcan?

El problema va más allá de fondo, los medios de comunicación son los transmisores más poderosos para la manipulación del pueblo, aquel del que dijera Porfirio Díaz “pan y circo”, el que se cree las mentiras de “buena fe” que expresan los titulares de los noticieros. Aquel pueblo que sólo consume la información y no la digiere por completo porque a una noticia sigue otra, y otra, y así por los siglos de los siglos. Los orquestadores del renacimiento priista son cuatro, cinco nombres, quizás un poco más, los responsables: los Azcárraga, los Salinas Pliego, los Marín, los Vázquez Raña, dueños de los medios más importantes e influyentes de la nación; la pregunta ¿a cambio de qué se han vendido?

Si resultara poco aún el dominio absoluto de los transmisores de cultura, como señalaran Mattelart y Dorfman, el diputado federal, de extracción priista y que además contiende por un lugar en el Senado por el estado de Jalisco, Arturo Zamora, sujeto ligado al narcotráfico (que no está por demás decirlo) ha propuesto la siguiente modificación al Código Penal Federal:

«Artículo 412 Bis. Se impondrán de cien a doscientos días de multa y prisión de uno a seis años a quien injurie o difame a las instituciones, autoridades electorales, partidos políticos, precandidatos, candidatos o coaliciones; si el responsable fuese funcionario electoral, funcionario partidista, precandidato, candidato o servidor público, la pena será de 200 a 300 días de multa y prisión de dos a nueve años».

¿Se imagina lo qué eso significa? Que ya no podremos expresarnos mal, ni criticar a la autoridad, en pos de que, de proteger a los delincuentes, de cubrir la impunidad. Pero de eso no informan en la tele. Resultará ahora, pues, que iremos a ocupar las cárceles como presos políticos solamente por pensar.

Hasta este punto, aquellos que dedican su vida a los medios de comunicación, y entre los que me incluyo como universitarios estudiante de la carrera en ciencias de la comunicación, veremos nuestra libertad (sí había alguna) de expresión coartada, lo único que nos quedaba, la voz que podía hacerse sentir aun cuando las condiciones socioeconómicas no daban para más.

Este sistema está por colapsar, no es ninguna novedad, es un secreto a voces que conocemos pero no queremos aceptar, ha llegado el momento de tomar consciencia, de hacernos presentes como sociedad, de dejar de lado manierismos y absurdos como “ellos si saben gobernar” o el corrupto “roban pero dejan robar”, votar por el PRI es un retroceso en la evolución de nuestra sociedad, de nuestra historia, no permitamos que el viejo régimen vuelva, porque entonces la válvula de escape explotará y ahí sí: “no me quiero imaginar que Peña Nieto sea presidente”.

4 de abril de 2012

A los comunicadores en formación:


La época actual, por las condiciones socio-históricas, necesita de un cambio en el manejo de la información urgentemente. El consumismo descontrolado, el egoísmo y desprendimiento hacia la naturaleza han hecho que el hombre en casi cerca de los doscientos años de capitalismo consumiera los recursos naturales formados durante la historia de nuestro planeta. Lo anterior obedeciendo a formas de producción y explotación imperialistas, en los que el aspecto económico es primordial a la salud y bienestar de la clase explotada.

Es aquí en donde la labor del comunicador se convierte en el foco central, en primera instancia y como se ha manejado en el año reciente a raíz del “Encuentro de intelectuales por la paz y la preservación del medio ambiente” realizado el 10 de febrero de 2012 en el marco de la Feria Internacional del Libro en Cuba, por ser los medios de comunicación el segundo poder en la actualidad, desplazando el poder político que pasa a tercer término y dejando en como el primero a la globalización.

La explicación radica en lo siguiente: el primer instrumento controlador es el llamado globalización, ese que se ha metido en los huesos de todas las regiones del mundo y que maneja la información como una mercancía (a pesar de que la misma no genere costo alguno), se convierte en mercancía ya que al sistema no le importa informar con calidad sino con cantidad, sin importar el contenido de los mensajes, a mayor demanda de información mayor control sobre la sociedad a la que informan. El segundo punto se sostiene con una falsa llamada libertad de expresión, esto quiere decir que no es que se haya avanzado hacia un momento en que toda idea pueda ser dicha sin temor alguno, no es porque se permita hablar mal del gobierno o poner en duda los hechos del presidente y remarcar sus errores, los medios de comunicación, transfusores de la globalización, tienen a su cargo el poder elegir al gobernante que mejor vaya para sus propios intereses por lo que tiene en sumisión al poder político, ya que basta una noticia para terminar con la carrera de alguien.

Ante lo anterior, en nuestro país, no existe un medio que sirva a la verdad, que vaya más allá de desintereses, el más cercano a ello es La Jornada, no obstante, aun cuando la situación se torna densa por no poder derrocar con facilidad los monopolios, aparecen ante nosotros las redes sociales, instrumentos de los cuales hemos hecho uso erróneo, pues en ellos es donde puede y debe surgir la verdad para poder salvar nuestro panorama actual.

Debemos seguir en busca de este movimiento y no dejarnos persuadir por medios que saben de antemano que nos ven como una mercancía más, un símbolo de dólares para sus bolsillos. Es momento de construir una sociedad en la que el hombre no sea explotado por el hombre, en donde la información no sea manipulada por terceros y en busca de complacer un sistema obsoleto, contaminado y en decadencia como el capitalista. Si seguimos en esta actitud estamos condenados a la extinción  de nuestra raza, ya que las próximas guerras serán por el poder, el flujo y los tintes de la información.

9 de noviembre de 2011

Si no hubieran escrito


¿Qué pasaría si por un momento las grandes obras no hubieran sido escritas? ¿Qué ocurriría si a los grandes escritores la apatía los hubiera vencido y no se dedicaran a escribir? ¿Si por un momento sus ideas se quedaran en su mente y no en el papel?

Todos en la vida hemos tenido una gran idea en nuestra cabeza, una historia, un poema, una frase o un refrán y, en su mayoría se han quedado solo en eso, en ideas. Luego comúnmente nos preguntamos “¿cómo fue que se le ocurrió esa idea?” O tal vez afirmaciones como “eso ya lo había pensado yo”, la diferencia radica en que ellos se animaron escribirlo y nosotros no.

No es que carezcamos de las armas necesarias para dar vida a un texto. Para ser escritor lo que se necesita es 1% talento y el resto de pasión. Es cierto que con el paso del tiempo iremos puliendo nuestras técnicas y a medida que leamos nuestro léxico aumenta y con esa manera podemos irnos haciendo de nuestro propio estilo.

Comencemos un ejercicio de reflexión, en el cual nos daremos cuenta de que pasaría en el mundo si no hubieran escrito lo que hoy conocemos, cuáles serían las repercusiones sociales y económicas y su impacto en la literatura y cultura moderna.

Las sagradas escrituras
¿Podemos imaginar un mundo sin el poder y la influencia política de la religión católica? Imaginemos que durante el siglo V d.C., periodo durante el cual La Biblia fue escrita para controlar al pueblo romano y unificarlo, no se hubiera llevado a cabo la recolección de evangelios y con ello los cimientos para una doctrina. Los romanos hubieran perecido en un par de años, el cristianismo como lo conocemos no hubiera tenido el auge necesario para llegar a ser religión y quizá ni siquiera supiéramos de ella.

Los europeos no hubieran sabido nada acerca de Jesucristo y sus enseñanzas, las cruzadas no se hubieran llevado a cabo, la búsqueda de los templarios y los mitos del bien contra el mal llevarían una connotación distinta. La Santa Inquisición no hubiera tenido razón de ser, y al no haber una fe en el mundo occidental para evangelizar a los aborígenes americanos, se hubiera adoptado en algunos casos el budismo como religión universal.

El hombre no viene del simio
Charles Darwin decide no publicar en el año de 1859 “El origen de las especies por medio de la selección natural”, por la razón que el lector decida. Las ideas de la evolución no aparecen a la luz y cientos de científicos que se vieron influenciada por ella no la toman en serio.

Seguimos creyendo en la actualidad que el poder divino hace que aparezcamos en la tierra por generación espontanea,  el simio es visto como un animal más de la creación y nosotros somos hechos a imagen y semejanza de Dios, con lo cual nos despediríamos de la ciencia moderna y de todos los avances tecnológicos que hemos tenido en la actualidad. Inclusive la carrera lunar no se hubiera llevado a cabo.

El marxismo sin Marx
Si Karl Marx no hubiera conocido la filosofía hegeliana y no la hubiera tomado como punto de partida para crear su propia postura política, económica, filosófica y social; el mundo como lo conocemos no sería igual.

El capitalismo no tendría el nombre que tiene hoy, ya que a Marx le debemos este concepto, viviríamos en un rigen totalmente autoritario, la sociedad hubiera evolucionado aun más a un sistema totalitario, donde el hombre sería esclavo del hombre, de manera más descarada. Los obreros resistirían jornadas laborales sobrehumanas de más de 16 horas y los derechos laborales no existirían.

El comunismo no sería viable en ninguno de los países que lo sustentan ya que el Manifiesto Comunista no hubiera sido escrito, la lucha de clases y el fantasma que recorría Europa, no los tendríamos presentes.

La tierra antes del fin del mundo
Estos son solo algunos ejemplos de escritores y obras que cambiaron la ida como la conocemos. En realidad existen muchos más, qué sería de la sociedad moderna mexicana sin “El laberinto de la soledad”, de las historias de amor sin “Romeo y Julieta”, por nombrar unos casos solamente. No cabe duda que todo es decisión, pasión y un poquito de talento, solamente el necesario para poder transmitir una idea.





16 de septiembre de 2011

201 años del inicio “del comienzo” de nuestra historia


México, país de riquezas naturales y culturales, legado de hombres y mujeres valientes y arriesgados, cuna de la plata y de tradiciones envidiables, cocina de sabores y colores inimaginables, casa de escritores y poetas que llenan de bríos el mundo entero, playa paradisiaca de especies y oportunidades.

México, tu historia te habla y tú la ignoras por completo. Personajes y batallas abundan en los libros de texto, pero esa no es la verdadera historia de tu legado como nación. México no es la tierra de un cura y unos insurgentes, de una batalla perdida contra los conquistadores, ni es la deuda externa que no se paga… no, eso no es México, ese no eres tú, ahí no te reconoces.

Te reconozco México en tu sangre y en tu pueblo, en tu gente, en la sonrisa de todos ellos, en los paisajes que vislumbran cada amanecer y en las noches de bohemia con serenata, en los acordes de las canciones de mariachi, en la sonrisa que no se borra aunque sea malo el día.

Te festejo México, no por tus héroes de bronce y de marfil, de mármol o madera, no por los bustos y los monumentos que hay en las calles, no podría hacerlo, no podría festejarte superficialmente… te celebro por tus cimientos, por tu aporte al mundo, por tu mezcla de indígenas, españoles, criollos, mulatos, en fin, por tu mestizaje, por ser una nación con un gran potencial que aunque dormido pronto explotará.

Hoy digo ¡viva México! Porque nos perteneces, porque no es más mexicano el que grite con todas sus fuerzas, ni el que se olvide de todo lo malo que ocurre y ha ocurrido, digo ¡viva México! Porque creo en el porvenir de tiempos mejores, porque sueño contigo, porque te veo más fuerte, porque la adversidad no puede detenerte… porque tu sangre corre por mis venas.

21 de agosto de 2011

Para interpretar la mexicana realidad


Es imprescindible y es menester de periodistas, comunicadores y comunicólogos, y demás gente inmiscuida dentro de los medios de comunicación, informar de manera objetiva y veraz a la población, sin ocultar y sin tergiversar lo que la realidad aparentemente nos ofrece.

El panorama actual no es para nada alentador ni mucho menos da para pensar positivamente. El mundo vive momentos tensos: crisis sociales y económicas, hambrunas, sequías, pandemias, y no es precisamente que antes no los haya pasado, que hace doscientos años las cosas fueran igual o peor que en estos momentos, no es así, la diferencia estriba en el poder de distribución y acceso a la información de la que podemos disponer.

Lo anterior resalta, más que nunca, la importancia de informar oportunamente y con la verdad a la sociedad. El caso de la nación mexicana no es de todo favorable, en primer punto debido a la manipulación excesiva de los medios, cosa que ocurre en la mayoría de los países; en segundo lugar por el oportunismo de los que se dedican a ejercer la labor periodística, en un mundo en el que el más rápido vende, donde vale más la cantidad que la calidad, quien informa primero gana; en tercer lugar por la falta de análisis y criticidad para adelantarse y prever consecuencias de los sucesos.

Los hechos que han ocurrido, ocurren y seguirán ocurriendo por la incompetitividad de autoridades corruptas y compradas por delincuentes, deben ser condenados no solamente por figuras públicas, por líderes de opinión, deben serlo por la ciudadanía entera, por la nación, por quienes habitamos el país. En sendas ocasiones me he pronunciado en contra de la violencia y del cáncer que está resultando para México el mal manejo del gobierno y sus derivados. El problema ha sobrepasado a la solución.

Condenar no significa actuar después de una balacera, de descuartizados diariamente, de desapariciones, de muertes de civiles, de dar un discurso a nivel nacional engrandeciéndose por los resultados de un operativo.  La labor como medio, como ser pensante y consciente de la situación, como humano, es transmitir pura y netamente el mensaje original.

No es bueno, no es sano, no es permisible, llenar a la sociedad con falsas notas, con información incompleta. Se necesita exigir la verdad que, en teoría, no se debería pero es preciso hacerlo. Para entender la realidad que atraviesa nuestro país basta con salir a las calles, con detenerse un minuto a observar nuestro alrededor, no hace falta que leamos los diarios, que encendamos la radio y la televisión, ni siquiera que miremos agudamente, simplemente que abramos los oídos.