12 de septiembre de 2009

México...

México. Nación bendecida por la madre naturaleza en todos los sentidos. Pueblo ubicado en el ombligo del universo, custodiada por dos grandes océanos que la bañan con sus aguas cada día. País digno de honrarse por su cultura y tradiciones, victimas del olvido y de una globalización que atenta contra el patrimonio histórico de sus recuerdos ya poco a poco olvidados.

México. Terruño encantado, lleno de magia y de misticismo que aloja en su manto un mar de gente calurosa y amable, deseosa de salir adelante y de sacar a este país del hoyo en que, según nosotros mismos, se encuentra.

México. Kilómetros de tierra olvidados por Dios. No dejo de pensar que este país está lleno de oportunidades de desarrollo pero que la riqueza del mismo se concentra en las manos de unos pocos. Es triste saber que los objetivos de una Revolución Mexicana de crear una clase media se hagan pedazos, pues ahora sólo contamos con dos: ricos y pobres, si el estimado lector me lo permite, “ricos, pobres y extremadamente pobres”. ¡Ay, mi México! Mira que tus gobernantes no te quieren, te aborrecen, te joden con sus impuestos sin fundamento y te quieren dar atole con el dedo con sus cortinas de humo que se sacan de la manga.

México… yo también quiero aprender a secuestrar un avión con unas latas de jumex y unos foquitos navideños, claro sin olvidar una bomba hecha de calcetines. No te olvides México, que eres más que un gol en el estadio Azteca o una victoria en el Ricardo Saprissa, recuerda que eres grande en tu historia pero pequeño en la memoria. Que orgullo me llena pensarte limpio, prospero y prometedor, mas sé que no es así, y entonces la tristeza invade mi corazón. Porque te pienso y ya no doy el grito por felicidad y alegría, no mi México, lo hago con rencor y coraje.

Dime, México querido, que puedo celebrar, qué tenemos altos índices de prostitución infantil,; qué somos uno de los países más corruptos del mundo; qué somos el país número uno en secuestros; qué somos el país con menos lectores; qué somos el país del “no pasa nada”. Dime México, ¿para qué celebrar tu mes patrio, a quién se le ocurrió que había motivos para hacerlo, respóndeme, acaso a un enano que nos quiere tapar el Sol con un dedo, o a un gordo que no es Santa Claus y que pesa más que todas las ganas que le quedan a tu pueblo por salir adelante?

México, no tienes respuesta. No contestas a mis preguntas, al contrario me mantienes en silencio, pensándote y repensándote sin llegar a ningún lado. Tal vez, al final del día no seré parte de la solución como es que lo pienso, sino parte del problema, y quizás tu “problema” sean las personas como yo, que buscamos un cambio un ideal de transición que tal vez tu no quieras ni necesites, e insistentemente queremos construirlo.

México… ahora caigo en la cuenta, puedo decir ¡viva México! Pero sin lograr sentirlo. Porque te reitero que eres más que una simple gripa con un nuevo nombre. Espero un día llenarme de fuerza y gritar a los cuatro vientos ¡Viva México!, dejemos que el tiempo se encargue de borrarme la memoria para que llegue pronto.

1 comentario:

Edgar Mora dijo...

México es más que fines de semana de fútbol, es una laguna mental en la historia de nuestra propia evolución. Nuestro awareness (darse cuenta) ha sido eclipsado por la falacia de quienes mantienen el poder sometiendo al pueblo a la ignorancia de sí mismo.