26 de mayo de 2010

Somos iguales

Nos parieron del mismo modo,
venimos de las entrañas de una mujer
y por dentro tenemos los mismos órganos.

Tengo dos ojos que ven alrededor,
que lloran la injusticia
y que se enrojecen por el dolor.

Tengo dos manos que acarician,
que se afianzan a la tierra
para sembrarla y hacerla germinar.

Tengo dos piernas que recorren
veloz y pausadamente el mundo,
que ansían estar en todas partes.

Tengo una espalda para cargar
el peso de un abrazo, y aguantar
una piedra sobre mi lomo.

Tengo dos pies que dejan huella
en la arena de las playas,
y que caminarían sin descansar.

Tengo una boca que grita libertad,
que exige igualdad, que no se calla,
que dice tu y yo somos iguales.

Somos hombres, mujeres o niños,
y aunque nos falte algo seguimos siendo...
yo soy con lo que tengo y lo que no
y tu eres de la misma manera,
sin importar la cultura, la raza o el color,
el idioma, la edad o la religión.

Edgar Mora

23 de mayo de 2010

Amor es mar

Un bello poema de Alí Chumacero, que encaja perfectamente para dedicárselo a la mujer que ha cambiado todo en mi vida.



Amor es mar


Llegas, amor, cuando la vida ya nada me ofrecía
sino un duro sabor de lenta consunción
y un saberse dolor desamparado,
casi ceniza de tinieblas;
llega tu voz a destrozar la noche
y asciendes por mi cuerpo
como el cálido pulso hacia el latir postrero
de quien a solas sabe
que un abismo de duelo le sostiene.

Nada había sin ti,
ni un sueño transformado en vida,
ni la certeza que nos precipita
hasta el total saberse consumido;
sólo un pavor entre mi noche
levantando su voz de precipicio:
era una sombra que se destrozaba,
incierta en húmedas tinieblas
y engañosas palabras destruidas,
trocadas en blasfemias que a los ojos
ni luz ni sombra daban:
era el temor a ser sólo una lágrima.

Mas el mundo renace al encontrarte,
y la luz es de nuevo
ascendiendo hacia el aire
la tersa calidez de sus alientos
lentamente erigidos;
brotan de fuerza y cólera
y de un aroma suave como espuma,
tal un leve recuerdo
que de pronto se hiciera un muro de dureza
o manantial de sombra.

Y en ti mi corazón no tiene forma
ni es un círculo en paz con su tristeza,
sino un pequeño fuego,
el grito que florece en medio de los labios
y toma a ser el fin
un sencillo reflejo de tu cuerpo,
el cristal que a tu imagen desafía,
el sueño que en tu sombra se aniquila.

Olas de luz tu voz, tu aliento y tu mirada
en la dolida playa de mi cuerpo;
olas que en mí desnúdanse como alas,
hechas rumor de espuma, oscuridad, aroma tierno,
cuando al sentirme junto a tu desnudo
se ilumina la forma de mi cuerpo.

Un mar de sombra eres, y entre tu sal oscura
hay un mundo de luz amanecido.



Alí Chumacero

19 de mayo de 2010

Crónica de una frontera imaginada


Juguemos a imaginar querido lector. Imaginemos que un día despierta, como siempre lo ha hecho hasta el día de hoy, con la esperanza de que las cosas sean prosperas y que mañana sea mejor. Sale de su casa después de un apresurado o pausado desayuno, la ropa limpia, el peinado bien hecho, los zapatos recién boleados, sabedor de que no es un galán de cine pero de que sus raíces se le notan por donde quiera que se le mire. No es blanco, no es alto, no tiene el perfil griego, no tiene el acento del lugar en que vive y, sin embargo, suele reconocer el significado de ciertas frases… es ajeno a la tierra en que reside.

Te diriges como todos los días lo haces a tu trabajo, a las cinco o tres de la mañana, y contrario a lo que podría pensarse no es tu horario de salida sino de entrada. Sigues el camino que apenas es iluminado por el alumbrado público, que no tiene mucha diferencia al de tu lugar de origen, las calles siguen siendo calles, las banquetas son banquetas y por increíble que parezca el aire y las nubes son iguales a las de tu patria de origen.

La única diferencia que notas es que no hablan español, japonés, chino, turco, árabe, francés o sea cual sea tu idioma natal, a cambio escuchas todo en inglés. Cierto, lo olvidaba, el aspecto más importante es que en este lugar se gana en dólares.

Cada cual con su propia historia: esta quien abandonó a su familia en busca de suerte y se la juega sólo mandando dinero a quienes se quedan del otro lado; existe quien se llevó a todos los suyos en su travesía para comenzar una nueva vida desde; existe quien nació en esta tierra y como dice el dicho “ni de aquí y ni de allá”. Pero todos con la firme convicción de salir adelante.

Siempre te has manejado con un perfil bajo, no te metes con nadie, no buscas problemas, lo que es más, tratas de alejarte de ellos. En tu camino, bajo el cielo que aunque sabes universal no es el mismo que te cubría allá donde estabas, das tus pasos serenamente. Al cabo de un rato, cuando te encuentras cerca del bus o de tu lugar de trabajo, eres interceptado por una patrulla. El oficial desciende, sabes que tiene las mismas raíces que tú, no es ciudadano estadounidense por abolengo, si eres mexicano le ves “el nopal tatuado en la frente”, sin embargo, se dirige a ti en inglés. No eres muy hábil a la hora de comunicarte en ese idioma por lo que trastabillas y terminas diciendo un rotundo “what?”. Un “habla espaniol”, como no queriendo la cosa, aparece.

Al pasar las horas el frío de un cuarto incipiente que compartes con más de veinte “compatriotas”, eres avisado, que acorde a la ley SB1070, has sido detenido por ser un inmigrante en la tierra de los sueños y las oportunidades; la resolución: la inmediata repatriación en el mejor de los casos, de lo contrario algunos días en la cárcel.

Y a la mente de todos los que leemos e imaginamos llegan un sinfín de dudas, incertidumbre, sentimientos de frustración, ira y coraje. Tú solamente trabajabas, mantienes a una familia con un salario infinitamente menor al de un ciudadano estadounidense, no te quejas a pesar de que no vives en un palacio sino todo lo contrario, usas el transporte público, caminas grandes distancias, aunque no sabes inglés intentas aprenderlo todos los días, soportas el maltrato de toda esa gente que se cree superior a ti sólo por haber nacido en un pedazo de tierra que está más allá del norte que en tu país alcanzabas a ver con tus propios ojos, y por más que el tiempo sea adverso siempre miras al cielo sabiendo que sembrar hoy es cosechar un fructífero mañana.

¿Eres acaso un delincuente por buscar oportunidades en un lugar ajeno al tuyo? ¿Afecta realmente, al grado de considerarse peligrosos, ser la mano de obra barata de un país primermundista? ¿O es acaso que la estupidez y el irracionalismo son la nueva pandemia que se propaga rápidamente en un sitio que promueve la igualdad entre los hombres?

Dejemos de imaginar. Actuemos y reflexionemos.

Nota aclaratoria: cualquier parecido con la realidad no es netamente coincidencia.

15 de mayo de 2010

Aquellos tiempos

Que buenos eran aquellos tiempos en los que una botella vacía era el balón de fútbol, dos piedras las porterías y la calle el “Estadio Azteca”. En aquellos momentos la vida era eso, solamente vida, y había que vivirla jugando cada día. No salir a “contar uno, dos, tres por mí” era estar enfermo y no vivir.

En ese tiempo, en el tiempo de los “gansitos” y los “frutsis” de uva, que por ley y por estar en “onda” abríamos por abajo, la mayor preocupación era la tarea para el día de mañana. Una plana, dos planas, problemas de matemáticas, contestar las paginas 28 y 29 del libro de español, germinar un frijol en un vaso desechable con un algodón, aprenderse la tabla del siete, eran los problemas a los cuales enfrentarse.

Los niños no hablábamos de niñas, no en serio, al menos hasta que uno entraba a la pubertad, y entonces lo hacíamos de una manera despectiva. El amor era una de esas cosas repugnantes que sólo aparecía en las películas de adultos y que se expresaba a través de quedarse mirando como un idiota a la mujer más guapa. Hablar de ese sentimiento era cosa de “maricas” o de mujeres.

Que buenos tiempos aquellos, como se extrañan aquellos tiempos, tiempos en los que la vida era fácil, y si todo salía mal, nos bastaba con ponerle “reset” o usar uno de los tres “continues” que nos quedaban.

10 de mayo de 2010

Un niño llamado México

Y creció como los demás niños.
Jugó como todos algunas veces lo hicimos.
Se raspó, tropezó, tuvo accidentes,
y en su pubertad cambio de voz.

Después hizo las muñecas a un lado.
Como adolescente se enamoró
y trató de comerse el mundo,
se desilusionó y se hizo adulto.

Cómo hombre, se hizo independiente,
tuvo hambre y enfermedad,
y al no encontrarse en ningún lado
que se buscaba, se reinventó.

Se sintió viejo y apagado después,
su sangre ya no ardía como cuando joven,
sus ideales sintió irse por un arroyo
y recordó ser México cuando niño.

Edgar Mora

7 de mayo de 2010

El sitio soñado

He soñado con ese sitio esta noche.
Era un lugar hermoso, un derroche.
Las calles tenían olor a jazmines
y la libertad se respiraba en sus confines.

Ese sitio era un país libre y sin patria,
no había himnos ni banderas.
Los lugareños al extranjero llamaban hermano
y el enfermo no partía hasta estar sano.

Los arboles en aquel país eran inmensos,
tan inmensos como el más limpio juramento.
La lluvia acariciaba los pétalos de las flores
que llenaban de su presencia los colores.

He soñado que sueño que es real,
que vivo en él, y no me voy al despertar.
Sueño que no hay injusticia ni dolor
y que el principal vocablo es amor.

En el lugar que he visto en mi sueño,
no hay propiedad, nadie es dueño.
Las tierras son de nadie, son de todos,
la gente se protege codo a codo.

No respiré odio ni rencor en la gente,
ni pena, ni cansancio de la mente.
En el sitio que soñé abundaba la alegría,
las ganas de vivir y ver un nuevo día.

Tomados de las manos los amantes caminaban,
mientras los niños chascarrillos entonaban.
La luz de la Luna y del Sol eran sagradas
pues las heridas con ella eran enjuagadas.

El sitio que soñé no tiene tiempo y espacio,
para construirlo no hace falta ir despacio.
Es la tierra que todos pensamos una vez,
es el santuario donde depositamos la fe.

Edgar Mora

5 de mayo de 2010

México es y somos

Hablar sin fundamento y despotricar a “calzón quitado” son cosa fácil cuando nos hieren el orgullo patriótico y nacionalista. Somos, cuando nos atacan y pretenden humillarnos, y es, cuando a nadie le afecta. Históricamente hablando, no somos una nación conformada por un pueblo unificado; bastará echar un vistazo rápido al pasado de nuestro país para darnos cuenta de que siempre hemos sido, y hasta la fecha, pueblos en disputa.

La conquista no la ganó el español por su propia cuenta. Fue apoyado en todo momento por los aborígenes que pretendían ser superiores a la cultura dominante (azteca). Cuando el indígena se dio cuenta que el peninsular no venía a ser migas y que iba a destrozar sus creencias y tradiciones, ya era demasiado tarde.

Mexicano es, cuando no queremos ser parte de un todo, no nos incumbe el dolor de uno solo, si su merito es malo o impropio, pero si se trata de un logro que pone en alto la frente de nuestra tierra, mexicanos somos.

Hemos sido un pueblo muy golpeado. Nos vanagloriamos de batallas ganadas, aunque al final terminen siendo guerras perdidas. A Francia no se le ganó, y se celebra una escueta victoria el 5 de mayo; contra Estados Unidos, se perdió de más, y festejamos un trece a reclutas de un “castillo” (que ojala fuera vagabundo, o se entiende mejor como de cristal) en la zona de Chapultepec.

No, no se malinterprete, mi discurso no es fatalista o malinchista, no es así. Sé que muchos ahora se preguntan o no entienden mi mensaje. No es mi deber explicar lo que trato de decir, pues palabras son y ellas tienen la función de gustar o no gustar, de servir como doble mensaje, o de olvidarse en el papel en que se escriben.

La palabra obligada es “Arizona”, tierra que alguna vez perteneció a nosotros, que no reclamamos, que es parte ya del “Gran Imperio Yankee”. Todos pueden opinar al respecto, porque estadísticamente hablando, un familiar, un amigo o un conocido vive al otro lado de la frontera, sin embargo, no se trata de hablar por hablar. Porqué ahora sí y antes no, el estado de Arizona es catalogado como uno de los más ricos del país estadounidense y, también como uno de los más racistas. ¿Acaso estimado lector, no recuerdas el grupo “Minute-man”? Aquel que en la frontera tenía todo el permiso para disparar a diestra y siniestra a todo aquel indocumentado que encontrarán en el desierto.

De nada sirve, que se diga que sin la mano de obra de mexicanos que hacen trabajos, que como atinadamente expresó alguna vez Vicente Fox “hacemos trabajos que ni los negros quieren hacer”, a ellos no les importa, porque seguramente otra cosa pasará y al final del día, cuando la “Casa Blanca” sea el centro de los ataques de las naves extraterrestres un héroe rescatará a esa nación, y volverá a reinar la paz entre los hombres. Un poco de surrealismo no le viene mal a esta lectura.

Objetivamente, Estados Unidos es un país de inmigrantes, de inmigrantes que una vez asentados en tierras malamente llamadas “norteaméricanas” se olvidan de su país de origen. Como experiencia personal, y más de alguno no me dejará mentir; y es que lo traemos en la sangre, nos conquistaron católicos y no protestantes, mientras unos decían que hicieras a la Iglesia rica, los otros se inclinaban por la riqueza de cada persona, así unos tantos son egoístas y mediocres, y los otros expansionistas y fructíferos; preguntar lo que sea a quién, con perdón de la expresión, tiene “tatuado el nopal en la frente”, se recibirá en la mayoría de los casos un “sorry, I don't speak spanish”.

Siento defraudar a todos aquellos que buscaban una respuesta un tanto misericordiosa, pues no la hay. La solución es dentro de nuestro propio Estado, mas no la hay inmediata. Desde tiempos de Pancho Villa la inmigración es un problema, amén de razones socioeconómicas que usted quiera poner o añadir. No es labor de uno solo, de un grupo, de una comunidad. No es que hagamos protestas a las afueras de las embajadas, ni que a través de redes sociales manifestemos nuestro repudio a leyes estúpidas e incongruentes. Nadie entendió la frase “el cambio empieza por uno mismo” y exigimos cambio inmediato sin cambiar, gratis, como si con sólo encender la televisión el cambio llegaría y las revoluciones necesarias se darían por darse.

No somos el pueblo activo digno de una revolución, nunca lo hemos sido, y estamos aun muy desviados del verdadero objetivo. No nos gusta pensar, caemos en el conformismo de dejar todo tal cual esta, nos cuesta demasiado leer, leer es un arma de dos filos, porque nos hace pensar y luego reflexionar y darnos cuenta de nuestra mediocridad, por eso no leemos, porque nos sentimos estúpidos y cada texto nos hace caer en la cuenta de nuestra ignorancia.

México es pregunta y respuesta de todos sus problemas. Y antes de que las palabras sigan, aclaro que ni panista ni fatalista, ni de derecha ni de izquierda, ni ateo o creyente. México no debería preocuparse por leyes antiinmigrantes, pero esta es su realidad, y tienen que defender a su hermano, porque nos cala en la sangre, y si es preciso derramarla, lo haremos, porque no nunca abandonariamos a uno de nosotros. Porque la familia es lo más sagrado para el mexicano, en especial la madre.

Dicen que ser joven y no ser revolucionario, no es ser joven. Que me disculpen, pero siguiendo ese dicho, ya no hay jovenes. Entonces sí, México a priori es un país lleno de ancianos y de niños como lo dice las encuestas que a sentido común y pesimistamente detectamos. Nueva definición de joven mexicano: dícese de todo aquel individuo que se preocupa y ocupa básicamente de tres cosas: a) las redes sociales, b) las salidas al antro y c) las telenovelas de modas en las mujeres y el fútbol en los hombres. No hay espacio para libros, para la critica, para la reflexión, parecería que la mente revolucionaria es para un grupo elitista que vive alejado en las cavernas de la montaña del olvido.

Leyes como la SB1070 Arizona, el muro “ de la vergüenza”, la inmigración, la desigualdad social, las clases sociales tan marcadas, no serían si México, y al decir México no me refiero al gobierno, sino al pueblo, se diera cuenta de su potencial, de su dinamismo, de su deseo, de esa fuerza interior y espíritu de guerrero heredado de nuestros antepasados, fuera canalizado para nuestro bien común y convertirnos en la gran nación que alguna vez fuimos, y que ahora mediocremente aspiramos a ser.

México, despierta de tu letargo. Date cuenta que con quejarte no ganas nada. Actúa, manifiestate, lucha, derrama sangre si es necesario, demuestra tu grandeza, haz algo: escribe, piensa, lee, analiza, reflexiona, critica y construye. Una vez que hayas despertado, gritaremos juntos que la revolución ha comenzado.  

1 de mayo de 2010

Ha vuelto

El blog ha vuelto a funcionar, desde ahora, cada semana habrá un texto publicado, si estas interesado en participar en este proyecto en el que se pretende expresar libremente nuestro sentir estas invitado, contactarme, mi correo es edgarmora182@gmail.com 


No dudes en hacerlo, todos los textos son bienvenidos. Este proyecto se renueva y vuelve con el estilo que lo hizo crecer. Hasta la proxima