20 de octubre de 2009

Te he encontrado

A Mariana... te he encontrado


¿Dónde encuentras eso?, ¿Encontrar qué? Eso, lo que uno busca. Lo que uno busca no se encuentra, lo que uno busca llega por sí solo. Lo que puede llegar a soñarse y se lucha día a día para que se cumpla, llega cuando menos lo imaginas, sin avisar, con las ganas de levantarse, como cuando es navidad y quieres abrir tus regalos.

Así es, llega y no avisa. Se mete a tu vida sin pedir permiso, una vez dentro no te percatas del momento en que aconteció, pero ahora ya es parte de tu vida y lo agradeces como no tienes idea. Y se mete, y lo ves pasar, lo sé: la emoción es muy grande. Mariposas bailan en tu estomago y no sabes por qué, te sudan las manos y por increíble que parezca tu coeficiente intelectual se ve severamente afectado, ahora tienes la apariencia de un tonto y una sonrisa que no cabe en tu rostro.

Y lo sigues viendo, y ansías con nervios la llegada del primer beso, tiemblas al pensarlo, saber que será uno de los momentos en que tendrás más de cerca a esa persona… y entonces se fusionan sus labios, sientes como poco a poco te elevas al cielo, sientes que las mariposas quieren escapar de tu estomago, todo alrededor tuyo se borra, no hay sonidos, no hay personas, no hay lugar ni tiempo ni espacio, sólo tú y yo, y nuestro beso. Tranquilo, terminó. Vuelve pronto al mundo, ¿te vas? No lo creo, y buscas otro beso, para cerciorarte de que no fue un sueño.

Y ella se mete más en mi vida. Ya no solamente está en el pensamiento, está en el corazón, en el sentido del tacto, está en tu pecho, está en el sabor de los labios, en las palabras que le escuchas pronunciar y en el aroma del perfume que suele llevar. Se mete hasta el alma. Es una semilla, germina y crece. Ya no cabe en el pecho, la planto en el corazón, se enraíza en mis venas y arterias.

Y ¿dónde estaba? “en mi casa” me responde tiernamente. No, no la esperaba, la soñaba más no lo buscaba, y llego, y no solamente llego, lo hizo para quedarse. Se apodero de todo lo que sentía y lentamente fue borrando las huellas del dolor que había en mi alma, se convirtió en el manantial cristalino que alimenta la fuente de mi inspiración, seca antes y abundante hoy. Y le pido que no se vaya nunca, que me permita llenarla de todas mis locuras, que me deje ser quien vele su sueño.

Ese amor se disfruta más que ningún otro. ¿Me buscabas? No lo creo, pero aparecí, y nuestro destino lo tenía preparado o quizás fue un capricho de la vida o una coincidencia, en cualesquiera de los casos, yo solamente no hago otra cosa que no sea la de agradecer la oportunidad y la fortuna de estar contigo; mirarte, besarte y amarte. Porque en este párrafo y en este lugar, puedo decirlo sinceramente: te he encontrado.

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